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Rafa Nadal, personaje del año de El Mundo: Lo que perdura

Lunes,
30
diciembre
2019

07:57

Cambia Espaa, cambia el mundo, cambia el periodismo, todo es distinto, pero Nadal sigue ganando, como si no pasase el tiempo


Nadal, con la copa de campen del US Open de 2017.
JUSTIN LANE MUNDO

Transcurridos 15 aos largos de su primer ttulo, en Sopot, puede decirse que Rafael Nadal cotiza ms que nunca. Resultaba difcil imaginar que aquel muchachito cuya voz asomaba arrebolada, con mensajes sintticos, en la conversacin telefnica que mantenamos desde la ciudad polaca, estara ahora a un ttulo de igualar los 20 grandes de Roger Federer. Nadal pintaba bien, pero ni el ms optimista hubiera supuesto tanto. Todo ha cambiado mucho desde entonces. El peridico se hace de otro modo, bajo la frentica simultaneidad de la edicin digital, las redes sociales han revolucionado no slo la comunicacin sino la sociedad en su conjunto, el mundo atraviesa una convulsin global y Espaa tampoco tiene demasiado que ver con el pas que saludaba la victoria de un recin llegado.

Pero l sigue ah, imperturbable, mejor si cabe que el ardoroso atleta adolescente dispuesto a pelear por todo, intacta la fortaleza, afinado el discurso tenstico, instalado ya como un prcer, aunque su campechana desmienta cualquier ilustre reconocimiento.

Nadal es una anomala, un competidor que ha hecho del triunfo rutina. Gana casi siempre, como si viviera ajeno al tiempo y a la erosin de las dificultades, que no han sido pocas a lo largo de su carrera. Poco despus de despegar en la lite, se le diagnostic una lesin en un pie que pona en duda la posibilidad de seguir compitiendo al mximo nivel. Desde entonces, rara ha sido la temporada en la que no ha debido hacer frente a algn percance fsico de considerable magnitud. Se le dio por amortizado en ms de una ocasin. Crujan las rodillas, pareca desarmarse su egregia arquitectura. Volvi siempre, tambin tras la crtica temporada de 2015, cuando hasta l percibi serias dudas, envuelto en resultados impropios de su admirable hoja de servicios.

Apetito intacto

Hoy, con 33 aos, y reconocido nuevamente por este peridico como Hombre del ao, distincin de la que ya se hizo merecedor en 2010, sera temerario ponerle fecha de caducidad, tras suscribir una de las mejores temporadas de su vida, con victorias en Roland Garros, el Abierto de Estados Unidos y la Copa Davis. Capaz de una permanente reinvencin, juega mejor que nunca y mantiene intacta la voracidad competitiva. Sus debilidades, si las hubiere, resultan indetectables. Tal vez entre la sucesin de hiprboles que viene legitimando, una de las ms certeras sera la que le cataloga como infinito.Difcil no ceder a esa categora exclusiva de las deidades cuando estamos ante un deportista que ha entrado de lleno en la disputa por convertirse en el mejor tenista de siempre. Federer, Nadal y Djokovic han difuminado de la orla a los ms reiterados campeones en los majors hasta quedarse a solas en una extraordinaria y an muy viva confrontacin donde el espaol maneja mejores crditos para salir ganador.

La hegemona de Federer, con 38 aos, resulta precaria ante la doble amenaza que se cierne sobre l. Con sus dos grandes del ao que se va, Nadal ha estrechado al mximo la distancia. En los ltimos tres cursos suma cinco grandes, dos ms que el suizo y uno ms que Djokovic. Nole, el ms verstil de los tres jugadores, carece, sin embargo, de la constancia y determinacin de Nadal, cuyo grado de compromiso es superior al de cualquiera de sus rivales. Su vocacin eterna se manifiesta tambin en el poder renovado cada ao sobre arcilla. Tanto tiempo despus, an no se le adivina una alternativa en la superficie desde la que se proyect hasta convertirse en un tenista integral, el all court player que intimida en todos los escenarios. Sin perder un pice de su autoridad sobre la tierra, ha conseguido implementar los recursos para competir al mximo en cualquier terreno.

La influencia de Moy

El continuo proceso de transformacin ha encontrado en Carlos Moy, que tom el relevo de Toni Nadal como entrenador hace tres aos, un auxilio crucial. Tambin mallorqun, cercano a Nadal desde su adolescencia, el primer nmero 1 del tenis espaol siempre se caracteriz por transgredir el estereotipo del jugador de nuestro pas. Alto y buen sacador, Moy se plant en la final del Abierto de Australia de 1999, palabras mayores en una poca donde la cultura predominante dejaba casi constreidas a la tierra las aspiraciones de los tenistas espaoles. Es inevitable ver en este Nadal tan evolucionado en relacin con el de sus comienzos la mano diestra de Moy.

Si al lado de Toni, Nadal transmiti siempre una sensacin de naturalidad, poco han cambiado las cosas desde el relevo. Tanto Moy como Francis Roig, su estrecho colaborador, sostienen la filosofa que ha caracterizado al tenista desde sus comienzos. Mientras sus ms cercanos competidores se pliegan en ocasiones al aura que rodea a las estrellas, el espaol an se parece mucho al tenista germinal que daba sus primeros pasos casi recin iniciado el milenio. Siendo uno de los mejores deportistas de siempre, Nadal no deja de responder a la etiqueta anglosajona de the boy next door, el chico de la puerta de al lado, virtud que convierte cada uno de sus xitos en una sincera celebracin colectiva ms all del lgico alborozo que despiertan en su pas de origen. El rango de extraordinario lder, que volvi a manifestar en la reciente Copa Davis, no ha contaminado su espritu naif, la encarnacin constante de la pureza del deporte. Mucho ms cerca del desenlace que del punto de partida, Nadal intenta exprimir cada instante en la plasmacin contundente de los valores que le han trado hasta aqu. El chaval arrojado y valiente que se abri paso entre los mejores con la determinacin por bandera cuenta hoy, adems, con la enorme sabidura adquirida a lo largo de los aos, tambin gracias a un tenaz deseo de seguir aprendiendo. Lcito es preguntarse, por mucho que pueda resultar asombroso a estas alturas, si estamos ante el Nadal definitivo o an puede ofrecernos una versin ms rotunda de s mismo.

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