/Javier Melero, abogado de los independentistas: «España tiene la autoestima tan baja que les podéis convencer»

Javier Melero, abogado de los independentistas: «España tiene la autoestima tan baja que les podéis convencer»

Javier Melero EFE

Javier Melero (61) no es independentista. Sin embargo, form parte de la Defensa en el juicio del procs, el que sent en el banquillo a los lderes independentistas catalanes.

El abogado de los miembros de la Mesa del Parlament Llus Corominas, Ramona Barrufet y Llus Guin y tambin de los ex consellers Joaquim Forn y Meritxell Borrs, publica un libro donde cuenta las ‘intrigas’ internas del procs. El encargo, un abogado en el juicio del procs (Ariel) traslada las conversaciones de Melero con el crculo independentista, con jueces, personas de la administracin de la Generalitat… para describir el ambiente previo al referndum del 1-O y sus posteriores consecuencias.

Melero se ha definido en mltiples ocasiones simple y llanamente como un abogado. «Yo no represento a ningn colectivo, ni a ningn Govern, ni a ningn pueblo. Soy un abogado».

Con esta determinante declaracin, el letrado trata de plasmar en el libro la independencia de los rganos jurdicos y demostrar que puede ejercer su profesin con imparcialidad y desde la ms absoluta lejana poltica. Cmo se iba a explicar si no que los acusados por el procs lo eligieran para su defensa en el Tribunal Supremo?

Antes de la llegada del juicio, Melero llevaba ms de veinte aos hacindose cargo de la defensa de Convergncia. Adems, era amigo de Jordi Pujol y abogado de su hijo Oriol. No en vano las primeras lneas del libro estn dedicadas al molt honorable ex president: «En realidad, todo empez mucho antes del juicio, y seguramente todo empez con Jordi Pujol. Lo que ocurre es que Pujol haba hecho suyo el lema de Baruch Spinoza, caute (ten cautela), y las aguas no se desbordaron en exceso bajo su gida. Ms adelante, Pujol ya no estaba en condiciones de recomendar cautela a nadie. Eso en el caso de que hubiera deseado hacerlo, cosa que, a pesar de mis frecuentes conversaciones con l, an no tengo clara».

De izq. a dcha. Jordi Snchez, Jordi Turull, Josep Rull, Oriol Junqueras, Ral Romeva y Joaquim Forn

Pujol le expres a Melero, segn l mismo explica, que «no era nadie para opinar sobre lo que estaban haciendo quienes tenan responsabilidades de gobierno». Despus de su declaracin en julio de 2014 sobre las acusaciones de atesorar un patrimonio oculto, Pujol se apart de cualquier tipo de foco meditico. Era tiempo de juzgar a otros.

Llus Corominas, miembro de la Mesa del Parlament, le hace un ‘encargo’ a Melero que le sumerge en el procs: asistir a una conferencia sobre los riesgos penales asociados al referndum del 1 de octubre, convocada por el PDeCAT. «Llus Corominas, amigo mo desde haca aos y diputado del partido, me propuso y defini los trminos de la intervencin que esperaba: -Hay muchos cargos municipales y de la Administracin de la Generalitat que estn preocupados y quisiramos transmitirles tranquilidad; y que puedan hacer las consultas que les parezca sobre qu les puede pasar con el referndum. As, t les explicas…-Yo les explico lo que t quieras -le dije-, pero que eso vaya a transmitirles tranquilidad ya lo veo ms difcil. Si hay que explicar riesgos penales, pues se explican. Pero no se puede engaar a nadie. -No, no, nada de engaar. Pero tampoco alarmar innecesariamente».

En aquel momento, Llus estaba acusado de un delito de desobediencia y Melero no estaba de acuerdo con las estrategias de defensa que proponan otros abogados. «La defensa de Mas en el juicio por el 9-N haba dejado claras dos cosas: que los tribunales no iban a buscar la interpretacin de la ley ms favorable al acusado y, por otro lado, que los costes de la sentencia condenatoria de un poltico carismtico eran perfectamente asumibles por el Estado. Mas fue condenado y no ardi Catalua, aunque de aquellos polvos, los lodos que siguieron».

Melero acudi a la conferencia a la que le invit Corominas e intent explicar los posibles delitos a los que se enfrentaran determinados responsables pblicos en caso de llevar a cabo el referndum. «Con la pretensin de ir de ms a menos, empec por la rebelin, describiendo la definicin del Cdigo Penal, su consideracin sobre el uso de la violencia y la finalidad de conseguir la secesin de una parte del territorio nacional. Muy pronto empezaron las risas y los comentarios jocosos. La terminologa militar del redactado del cdigo sonaba al pblico ms que extraa y, al parecer, de esa extraeza era relativamente fcil pasar a una cierta hilaridad».

Llus Corominas haba hablado con Melero de su acusacin por desobediencia y en ese marco se produjo la siguiente conversacin: «-Ya tenemos el redactado de las leyes de referndum y transitoriedad jurdica… -Y ahora? -le pregunt. -Ahora lo someteremos a votacin. -Pero t no ves que todo esto es un despropsito y que os van a crujir? -Avanzamos a tientas… Lo que pasar una vez que votemos, nadie lo sabe. -Esas leyes van a ser suspendidas por el Tribunal Constitucional -insist-, y os imputarn otra desobediencia. -Es igual, la idea es seguir adelante. -Pero la idea de quin? Tuya tambin? -S, s, tambin ma. -Parecis el ejrcito de Stalin, en el que era ms peligroso retroceder, porque te fusilaban los tuyos, que avanzar hacia los alemanes».

‘El encargo’ (Ariel) sale a la venta el prximo martes 26 de noviembre

El 1-O se produjo. Despus vendran el 10 de octubre y el 27, el da de la supuesta declaracin de independencia. Se sucederan las citaciones de la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo, la querella por rebelin del Fiscal General del Estado… y las fugas a Blgica. El ltimo tren para la solucin poltica haba partido el da 27, con la declaracin de independencia sometida a votacin en el Parlament.

Cuando se produjeron las detenciones de los miembros del Gobierno de la Generalitat, Melero describe sus dudas: «Llegado hasta aqu, ante mi asombro por la sucesin de acontecimientos y las transformaciones en la personalidad y el carcter poltico de estas personas, me preguntaba si no deba darles un punto de razn; si, aunque excesivos en sus mtodos, no haba una motivacin razonable para todo cuanto hicieron, y si su finalidad era plausible, siendo los procedimientos lo nico censurable».

El escepticismo se apagaba cuando estas mismas personas le exponan su recurrente argumentario: «-En Canad y Escocia se vota. -En su marco legal. Cambiad la legalidad por mtodos tambin legales. La causa del liberalismo espaol siempre ha sido comn a toda Espaa: desde los diputados catalanes en las Cortes de Cdiz que, adems, tuvieron un papel muy relevante. Espaa, adems, es un pas con la autoestima tan baja que el da menos pensado les convencis, por lo menos a una mayora cualificada. -Esto va de democracia, y es un sentimiento». Y termina (o empieza) Melero: «Y como para sentimientos los mos, aqu es donde lo solemos dejar».